Aprovechando la época decembrina -y otro poco su jubilación- mi madre decidió hacer varias modificaciones en la casa, entre ellas, un toque de frescura a los gabinetes treintañeros.
Para tal fin, se contrataron los servicios de un carpintero y su respectivo ayudante/todero. Este post es sobre el segundo.
Es el último de nueve hermanos, vive arrimado con su mujé en San Félix, dos hermosas hijas, bachillerato incompleto, toma desde los 12 años, fuma desde los 15 y actualmente tiene 18.
Se trata de una de esas personas -a pesar de las apariencias- hambrientas de conocimiento, de mundo y sobretodo de vivencias… hoy, por ejemplo, descubrió que no siempre se necesita un cuchillo de buena punta para abrir una lata de sardinas.
Jamás había visto algo parecido -es en serio. Nunca le había pasado por la mente que existiese algo con esa forma, con esas características, especialmente hecho para abrir latas, sólo con ese propósito! Que alguien se hubiese dado a la tarea de crear una herramienta de innegable simplicidad pero con SEMEJANTE UTILIDAD.
Más allá de haber “descubierto” -cual Colón- el abrelatas, Daniel comprendió hoy el excelente rendimiento que se consigue en cualquier tarea -por sencilla que sea- cuando se utiliza la herramienta correcta.
Foto: Rippeada de esta página.




